Deefire, la guardiana de la montaña
Deefire acarició el lomo de Trasko. El pequeño dragón, agarrado a su brazo, se encogió sobre sí mismo y agradeció el contacto caliente sobre su piel escamosa. Deefire sonrió y levantó su brazo con fuerza. Trasko alzó el vuelo gracias al impulso y comenzó a surcar las montañas con sus alas extendidas y las patas delanteras encogidas. Deefire caminó entre la nieve hacia su caballo y montó sobre su lomo con elegancia. El animal relinchó y galopó, levantando copos de nieve con sus pezuñas. Deefire siguió el rastro de Trasko, aguzando el oído para escuchar sus señales. Sabía que alguien había osado entrar en su montaña. Estaba segura de ello. Había encontrado los restos de una extraña máquina metálica cerca del manantial. Además, varias gotas de sangre dejaban un rastro fácil de seguir. Deefire sonrió. El día prometía ser interesante. Sin embargo, también sabía que lo más divertido no era la captura, sino la persecución. Así pues, y siguiendo los ruidos de advertencia de su dragón, espol...