El poder de un recuerdo
Hoy, más que un relato, se
trata de una reflexión.
Supongo que todos hemos tenido
a una persona que nos hizo mil pedazos y nos obligó a reconstruirnos. Lo
desconcertante de estas situaciones es que hay piezas que nunca vuelven a
encajar. Algunas, incluso, son desechadas por nosotros mismos. Porque ya no
somos los mismos que antes. Estas situaciones, de hecho, nos hacen cambiar de
golpe.
Pero no por ello hay que tener
miedo a caer, o a equivocarse.
El sufrimiento pasa.
Siempre lo hace.
Pero los buenos recuerdos
vividos con esa persona, en cambio, permanecen.
Claro que duele haber corrido
para no llegar. Lo das todo de ti, y luego sientes que no ha servido para nada.
Te esfuerzas más de lo que la otra persona jamás sería capaz de imaginar, pero
el resultado vuelve a ser nefasto.
No te equivoques, no es así.
Todos los esfuerzos tienen su
recompensa. Y era el camino de esa carrera la verdadera meta, no el destino de
la misma.
Espero que os guste =)
El poder de un recuerdo
La primera vez, ni siquiera
había sido consciente de que había vuelto a pensar en él.
Quizás es que nunca se había
marchado de sus pensamientos, y aquel recuerdo sólo había cambiado de lugar en
la memoria. O puede que no hubiese tenido tiempo para volver a recordarle.
Hasta entonces.
La primera vez, había sido
algo imprevisto, pero suave. Como una brisa de viento acariciando una brizna de
hierba. Había sido un recuerdo agradable, pero breve. Apenas una sensación. Una
sonrisa al notar que le abrazaba al despertar. Como la primera vez.
Como todas las veces.
La segunda, fue más violenta.
Una sacudida de realidad al sentir que las paredes de su
habitación se le caían encima. Le gustaba su libertad, sabía que aquello era lo
que quería. Ni por un segundo lo había dudado.
¿O no?
Entonces, ¿por qué volvía a
recordarle? ¿Justo ahora?
La tercera vez estuvo a punto
de volver a escribirle.
Pero no había nada que decir.
Esa distancia era necesaria, y lo sabía. No era justo para él. Además, fue ella
la que le falló a un solo error de acertar. Todavía era capaz de sentir los
gritos, la incredulidad, la rabia. Ni ella misma entendía lo que había
sucedido. Así que desistió, y guardó el móvil en su chaqueta.
Y esta, era la cuarta.
Anheló de pronto estar con él.
No echaba de menos ningún instante en concreto, sólo su presencia. Entendió de
pronto aquellas frases que tanto se repetían, esas de que los pequeños momentos
son los importantes, los gestos del día a día. Esos malditos detalles que se
clavan en tu pecho y, para cuando quieres extraerlos, ya han inyectado
nostalgia en tu corazón.
Una caricia en la mejilla, un
beso gélido en la frente, una mirada ardiente seguida de una exhalación sobre
el cuello, un jadeo al verse reflejados en el espejo de su habitación, una risa
acompasada, un aullido, el sabor de la cerveza viniendo de su boca, un silencio
en el momento perfecto, una oscuridad que no vio, el ruido del mar, una
llamada, una lágrima, un vaso roto, sangre… Nada.
Nada es aquello que queda
cuando todo lo demás se marcha.
Que bonito Cruistin. Es muy profundo.
ResponderEliminarGracias, íñigo. Me alegra que te haya gustado =)
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